ruta

Histórico-Paisajista Colmenera

Disfruta de los paisajes más icónicos de Valdelarco a través de una ruta mágica que te llevará a recorrer los rincones más bellos de la localidad.

PLANO DE LA RUTA

Punto 1 y 2: La Garganta y La Plaza de Toros Punto 1 y 2: La Garganta y La Plaza de Toros
Punto 3 y 4: El Lomero y El Arroyo Punto 3 y 4: El Lomero y El Arroyo
Punto 5: Lo Oscuro Punto 5: Lo Oscuro
Punto 6 y 7: El Regajuelo y El Tejarillo Punto 6 y 7: El Regajuelo y El Tejarillo
Punto 8: El Pino Redondo Punto 8: El Pino Redondo
Punto 9 y 10: El Cercado de las Ánimas y El Cementerio Punto 9 y 10: El Cercado de las Ánimas y El Cementerio
Punto 11 y 12: El Mirador y La Carretera Punto 11 y 12: El Mirador y La Carretera
Punto 13: El Valle Punto 13: El Valle
Punto 14: Iglesia del Divino Salvador Punto 14: Iglesia del Divino Salvador

Punto 1 y 2: La Garganta y La Plaza de Toros

 
 

Punto 3 y 4: El Lomero y El Arroyo

 

 

Punto 5: Lo Oscuro

Hoy en día podemos ver desde aquí, como el Barranco Valdelarco vuelve de nuevo a la superficie, donde finaliza el tubo de su soterramiento. En ese mismo punto, está el “apartaero” donde nace la lieva general, de los diferentes pagos de riego del valle, concretamente todas las huertas que se encuentran en la margen izquierda del Barranco. El camino de servidumbre de la lieva, pasa por aquí, justo por debajo de estas construcciones, formando el túnel al que se conoce popularmente por “Lo Oscuro”.

Diego Romero López, Valdelarco 1813 – 1891, fue un prohombre del lugar, creando varias industrias, en Valdelarco y en Las Chinas (Galaroza). Era el dueño de las dos casas, de la izquierda, cuyos corrales estaban contiguos al camino de servidumbre de riego y a la vez también era el dueño de la huerta de la derecha. En Valdelarco monta una fábrica de cera y velas, aprovechando el gran número de colmenas que había en el pueblo, de ahí el gentilicio popular de colmenero. Igualmente crea una industria para tejer paños de lana y lino y otra para labrar el cobre, cuyo batán lo tenía en Las Chinas, a orillas del Murtigas, con la fuerza motril de sus aguas.

Cuando este hombre monta sus industrias en los bajos de la casa y corral de la misma, el espacio se le queda chico, por lo que hace un túnel “Lo Oscuro” para salvar el camino de servidumbre de la lieva, construye dependencias industriales encima y las enlazas con otras que levanta en el terreno de la huerta. Si nos fijamos detenidamente, vemos este arco apuntado de ladrillos, separado del túnel de Lo Oscuro, que no es otra cosa que un acueducto para pasar una lieva por encima del camino, cuya agua la utilizaba para mover la rueda hidráulica de un molino de aceite, construido en la huerta y contiguo a las demás dependencias industriales. El agua para mover el molino, la cogía del barranco, a la altura donde hoy está el transformador de la luz, en aquellos tiempos llovía mucho más que ahora y el caudal del barranco era importante.

Fue Diego Romero López, un hombre muy emprendedor y laborioso, sabemos que también fabricó papel. Extraña que una persona nacida, criada y residiendo en Valdelarco, tuviera tal amplitud de miras comerciales, pero por su nieto Diego García Romero, sabemos que había estudiado en el seminario de Badajoz y que se salió cuando le faltaba poco para ordenarse. Este hombre se casó dos veces, de la primera mujer, tuvo nueve hijos y de la segunda cuatro. El mayor de sus hijos varones, que era el segundo de las primeras nupcias, Eduardo, era su agente de comercio y hay numerosa correspondencia comercial de Diego Romero, que le escribe a su hijo, al cual lo mismo lo encontramos en La Felguera (Asturias), que en Alcoy (Alicante) o Barcelona, viajando por toda España, teniendo en cuenta que estamos en el s. XIX.

Diego, además de emprendedor, debió adornarle otras cualidades; en un gran libro de 712 páginas, encuadernado con pastas duras de cartón, que utiliza como libro de asiento comercial, nos sorprende encontrar como prólogo del mismo, el siguiente poema:

LOS PADRES Y LOS HIJOS (Soneto)

Un enjambre de pájaros, metidos

en jaula de metal, guardó un cabrero

y a cuidarlos voló desde el otero

la pareja de padres afligidos.

-Si aquí- dijo el pastor- vienen unidos

sus hijos a cuidar, con tanto esmero.

Ver como cuidan a sus padres quiero,

los hijos por amor agradecidos.

Deja entre redes la pareja envuelta,

La puerta abre el pastor del duro alambre.

Cierra a los padres y a los hijos suelta.

Huyó de los hijuelos el enjambre,

y como en vano se esperó la vuelta,

mató a los padres el dolor y el hambre.

Sorprende como este hombre pone en su libro de cuentas, este sentimental poema de Ramón de Campoamor, a modo de preámbulo para empezar sus registros comerciales, alguna fibra de humanista debió tener también, además de su instinto comercial.

Punto 6 y 7: El Regajuelo y El Tejarillo

EL REGAJUELO.-
Los colmeneros conocen este paraje, por el topónimo de El Regajuelo, haciendo referencia al pequeño regajo existente en este punto y que, en las épocas de lluvia corre con abundante agua. El camino que se inicia aquí, saliendo del pueblo, es conocido por el Camino del Regajuelo, en este primer tramo coinciden también los caminos reales de: Fuenteheridos, Aracena, Navahermosa, Cortelazor e Hinojales, los cuales se van bifurcando más adelante. El camino de El Regajuelo, siempre fue el más transitado, porque además de la confluencia de los caminos mencionados, es el que conduce a las huertas y cercados, en donde en todas las épocas del año, trabajaban gran número de pobladores de Valdelarco. Hoy en día, aunque en las tierras ya no trabaja casi nadie, sigue siendo un camino muy transitado, porque junto al mismo se ha construido el colegio del pueblo.

Hace años, cuando las celebraciones navideñas, eran mucho más etnocéntricas, porque no se poseía radio, ni televisión ni coche, se cantaba un villancico que decía: [Ya vienen los Reyes por El Regajuelo y al Niño le traen, café con buñuelos].

En el punto donde el camino, cruza el regajo, antiguamente casi todo el año, había un gran charco de agua, donde las mujeres de esta zona del pueblo, lavaban la ropa. Tristemente, hoy en día, son pocas las veces que vemos correr el agua por este punto.

 

EL TEJARILLO.-

La toponimia es una importante fuente de información histórica, nos está indicando que existió un pequeño tejar en la zona, aunque ni oralmente ni por escrito nos ha llegado ya esta información a nuestros días. El espacio que hoy ocupa el polideportivo, era una era de trillar las mieses, como tal siguió hasta finales de los sesenta, del pasado siglo; aunque la era estaba en una propiedad privada, como las costumbren hacen leyes, tenía el carácter de pública y casi todos los vecinos traían sus cosechas a la misma, para la trilla, sin pedir permiso al dueño, si no sólamennte respetando el turno de acarreo de las mieses, al espacio que la bordeaba. Este cruce de caminos nace, cuando los primitivos pobladores de Valdelarco cambiaron su asentamiento a donde lo conocemos hoy, antes el camino real desde la cuenca minera de Río Tinto, Alájar y Fuenteheridos, hacia Las Extremaduras, venía por aquí y subía por este callejón, pasando por el Valdelarco antiguo y subía hasta el Puerto La Cruz, para enlazar con el camino real de Galaroza a Cumbres Mayores. Si examinamos el terreno y nos abstraemos de la existencia de Valdelarco (aún no estaba en el mismo sitio), la forma más amena de subir hasta el Puerto La Cruz, es coger por aquí e ir faldeando Las Solanas, El Venero y Los Praillos. Entonces era una importante vía de comunicación, porque tanto las personas como las mercancías, se movían a lomos de caballerías.

Punto 8: El Pino Redondo

En todo el término de Valdelarco, los pinos abundan, antiguamente no tanto porque eran castañares o alcornocales, cuando los castaños fueron muriendo, por enfermedad y abandono, el pino se fue apoderando del terreno, aunque pinos hubo siempre, todos de la especie “Pinus Pinacer”, gran invasora de los terrenos, asfixiando a todos los demás árboles. Este pino produce un piñón muy chico que no sirve para comerlo, por la escasez de su carne.

La singularidad de El Pino Gordo, en estos parajes, es que pertenece a la especie “Pinus Pinea”, también llamado “Pino Piñonero”, ya que sus piñones son grandes y desde siempre el hombre los ha recogido para comerse su carne, que es muy cotizada en la repostería. Otro aspecto llamativo de este árbol, es lo redondeado de su copa y el gran tamaño que puede conseguir, en algunos casos llega hasta los 50 metros, aunque lo más normal son 15 o 25 metros. Por este triple motivo, lo preciado de sus piñones, la esbeltez del follaje y la escasez en estos pagos, de su especie, los colmeneros siempre han mirado hacia el Pino Redondo de La Solana, con simpatía. Antiguamente era normal ver a los chiquillos, tirándole piedras a las piñas para caerlas, porque subirse era imposible.

Desde este punto del Pino Redondo, en el antiguo camino de Las Extremaduras, tenemos una preciosa panorámica del pueblo y del valle, mereciendo la pena descansar un poco y reponer fuerzas.

Punto 9 y 10: El Cercado de las Ánimas y El Cementerio

En la tradición oral de Valdelarco, siempre se contaba que el asentamiento del pueblo estuvo aquí en El Venero y que su iglesia estaba en El Cercado de las Ánimas, junto al camino de Fuenteheridos a Las Extremaduras. La misma tradición nos habla, de que el motivo por el cual los valdelarqueños cambiaron el asentamiento, desde aquí al lugar donde hoy se encuentra el pueblo, fue motivado, porque estas tierras son más fértiles que al cerro a donde lo llevaron y en aquellos tiempos un palmo de tierra era un tesoro. En la decisión de llevarse el pueblo de aquí, debió pesar mucho la abundancia de aguas de la fuente del Arroyo, a la vez el agua del Barranco Valdelarco, que pasaba junto a la misma. Aquí en El Venero hay agua y una importante vena pasa por aquí, pero no fluye de forma espontánea, en El Arroyo sí. En algún momento alguno de los vecinos construyó su casa-monte junto a la fuente y otros le fueron siguiendo.

La tradición oral ahí estaba, pero nada más, hasta que recientes investigaciones han constatado documentalmente la ubicación de la antigua iglesia en el Cercado de las Ánimas.

Por estas investigaciones sabemos que cuando la aldea se había trasladado ya completamente de lugar, la iglesia seguía aún aquí en el Cercado de las Ánimas y, nos queda claro que los muertos se entierran dentro, por ello, después de desaparecer esta iglesia, el vecindario sigue hablando con respeto del Cercado de las Ánimas. El visitador del Arzobispado de Sevilla, informa de que los vecinos tienen la intención de construir otra iglesia, dentro de la aldea, esto lo dice en 1723 y en 1724, la empiezan a construir, en el mismo lugar donde está la actual.

Punto 11 y 12: El Mirador y La Carretera

Desde este privilegiado observatorio, podemos ver el gran valle de Valdelarco, en forma de anfiteatro, abierto al sureste y amurallado por las montañas a los demás puntos cardinales. En una de las teorías del topónimo Valdelarco, está esta peculiar forma del valle, abierto sólo por un punto y cerrado por un gran arco montañoso “Valle del Arco”.

Al fondo vemos erigirse como ciclópeo guardián del valle, al Risco de la Fuente de la Manzana, por cuyo desfiladero se escapa el Barranco de Valdelarco hacia el Rivera de Huelva, llegando al Guadalquivir en el término de La Algaba (Sevilla). Un complejo entramado de lievas, riegan el valle, convirtiéndolo en una fértil huerta.

La distribución del agua se hace por cinco pagos (bloques parcelarios) de riego, que son: La Martina, El Regajuelo, La Viña, Las Alberquillas y Las Feguillas. Cada uno de estos pagos, comprende sus diferentes parcelas de huertas, documento que desde tiempo inmemorial obra en el Ayuntamiento, adjudicando a cada parcela un número de horas de riego, según su extensión, así como la hora de coger el riego y la hora de dejarlo, tanto de día como de noche. Antiguamente, en el verano por la noche, siempre se veía la luz de un farol de aceite, moviéndose por alguna huerta, fuese la hora que fuese.

Aunque en Valdelarco no hubo ningún órgano jurisdiccional para el riego, como el famoso Tribunal de las Aguas de Valencia, sin embargo, si algún propietario se sentía perjudicado por el incorrecto uso del horario, por parte de algún vecino; siempre podía acudir al pliego del Ayuntamiento, ante algún conflicto. El documento de los pagos de agua, entraña cierta dificultad el interpretarlo, ya que se menciona la parcela de huerta, por el nombre del propietario que tenía cuando se hizo o se renovó, que, en el mejor de los casos, hace ya más de un siglo, que murieron esas personas.

Hay otra teoría sobre el nombre del pueblo, relacionada con la repoblación durante la Reconquista, cuyos pobladores bajaron por el Oeste, desde Cantabria, Asturias y León. En León existe un pueblo denominado Oseja de Sajambre:

[“Este pueblo de Oseja de Sajambre tiene su ubicación, cierto parecido con la de Valdelarco. Situados ambos en la cabecera de un amplio valle y, al fondo frente al pueblo, existe una peña, “”La PicaTen””, que tiene similitud con el “”Risco de La Manzana””. Oseja es, al igual que Valdelarco, la divisoria entre dos cuencas hidrográficas, la Atlántica y la Cantábrica. En su término nace El Sella, el cual ha horadado el desfiladeron de Los Beyos, donde está el paraje conocido como el Puente de Valdelarco, que no es otra cosa que un puente natural hecho por el agua en la piedra del desfiladero. En las crónicas orales antiguas de esta comarca hay una romántica leyenda, la cual dice, que un fuerte temporal aisló al vecino pueblo de Rivolta y el único paso era sobre el puente de Valdelarco; el enamorado de una moza, morena y macarena, se atrevió aquella noche a desafiar el peligro y pasó sobre Valdelarco para ver a la novia”]

Era muy usual que los repobladores bautizaran a los parajes nuevos que iban ocupando, con los nombres de sus pueblos y tierras, este fenómeno lo podemos comprobar más fácilmente en Hispano América, donde encontramos el de todas las ciudades y hasta pueblos, de la Península.

 

LA CARRETERA.- 

Hasta el año 1902, todos los accesos a Valdelarco eran de herradura, sólo se podía llegar al pueblo a través de los ocho caminos reales, que radialmente salían del pueblo a: Galaroza, Fuenteheridos, Aracena, Navahermosa, Cortelazor, Hinojales, Cumbres Mayores y La Nava. Es en el año 1902, cuando se construye la carretera, que partiendo de la Nacional 433, Sevilla-Lisboa, en el paraje de “La Gesa” (dehesa comunal de Galaroza) y con un recorrido de algo más de cinco kilómetros, llega a Valdelarco por su parte más alta. Desde entonces, a la barriada de la zona superior del pueblo, se le llama La Carretera. Cuando los colmeneros, decían La Carretera y todo el mundo sabía qué barrio era, por la sencilla razón de que no había ninguna otra. No es hasta el año 2001, siendo alcalde, D. Manuel Navarro Campos, cuando se construye un nuevo ramal, que partiendo de la antigua y cogiendo el trazado del camino Real de Galaroza, entra en la parte baja del pueblo.

En el año 1934, cuando se trae el agua al pueblo del manantial de El Pozuelo, nacimiento del barranco Los Cabriles, afluente de Río Frío y éste del Múrtigas que lo es a su vez del Guadiana, construyeron una fuente y un pilar abrevadero, por encima donde hoy está el restaurante. Todo el barrio de La Carretera, se abastece de esta fuente.

El agua no llegó a las casas hasta el año 1971, siendo alcalde D. Marcelino Ruiz. Es en esta época cuando se rotula una calle con su nombre.

El primer coche que llegó a Valdelarco era de Sánchez-Dalp, el Marqués de Aracena, en unas elecciones a Cortes, pidiendo el voto conservador.

Punto 13: El Valle

Esta pequeña plaza es conocida popularmente con el nombre de “El Valle”, oficialmente no tiene nombre, a ella confluyen las calles: Hermosa, Guijarro, Dómine, Concepción, Águilas y Atocha. Esta denominación popular viene de muy antiguo, ya que, en el poder notarial, hecho en 1768, que acompaña al Real Privilegio de Exención, se denomina como El Valle.

Cuando el alcalde pedáneo D. Francisco Martín Navarro llegó a Aracena para hacer el poder notarial e iniciar el proceso de independencia de Aracena, se llevaron de testigos a dos vecinos. Uno de ellos era el cura del pueblo, D. Thesiphón Francisco Domínguez Muñiz.

Cuando derribaron el antiguo ayuntamiento, se comprobó fehacientemente, que este edificio daba concretamente a los cimientos de la iglesia, como bien reseña el notario de Aracena en 1768. Aparecieron unos arcos sobre la parte que da al porche, que los vecinos cada uno opinaba una cosa diferente sobre su origen, pero que el arquitecto y el maestro de la obra, los definieron como elementos arquitectónicos para afianzar los cimientos de la iglesia.

De los dos comisionados en el poder notarial, para hacer y deshacer, endeudarse por hipotecas o cualquier otra forma, con el fin de obtener lo que cueste el título de villa y realizar todas las gestiones necesarias a Madrid sólo va José Martín Navarro, hermano del alcalde pedáneo y lo hace a caballo.

Por estas fechas, 25 de agosto de 1772, el Príncipe de Aracena se encuentra en la Corte de Carlos III, que a la sazón se halla veraneando en la Granja de San Ildefonso. Es por ello por lo que su esposa, que sí está en Madrid, es la que, mediante poder del marido, acude al notario para facultar al Comisionado, que pueda seguir con el proceso de obtención de la Carta Puebla y presentar la solicitud ante el Rey.

Por fin el 25 de abril de 1773, Carlos III firma el Real Privilegio de Exención, concediendo el título de villa a la aldea de Valdelarco. Habían transcurrido 5 años desde que el alcalde pedáneo D. Francisco Martín Navarro se hubiese plantado en Aracena con 34 vecinos más para iniciar el proceso.

LA FUENTE DEL VALLE.

La fuente de esta plaza, es conocida popularmente, como Fuente del Valle, una de las dos que construyeron, cuando en 1934 trajeron el agua desde El Pozuelo, cuenca del Guadiana, creando dos puntos más de abastecimiento de agua en el pueblo, que hasta entonces sólo tenía la Fuente del Arroyo. La primitiva fuente estaba en el centro de la plaza, sus dimensiones eran superiores, aunque de cierta similitud formal con la de ahora. Cuando los coches lo fueron invadiendo todo, la derribaron, desplazándola y arrinconándola hacia un lado. Hoy en día, la pobre fuente se ha convertido en un remedo ajado de la antigua, y desde que en 1971 se instaló el agua en las casas; carente de vida, como añoranza de aquellos que la conocieron, siendo un lugar neurálgico del pueblo.

Punto 14: Iglesia del Divino Salvador

La Iglesia del Divino Salvador del Mundo, es el único templo que existe dentro del casco urbano de Valdelarco. Se construyó entre 1761 a 1768, siendo Cura Beneficiado Don Tesiphón Francisco Domínguez Muñiz, natural de Las Cañadas (Galaroza), el cual está enterrado en el altar mayor. Su arquitecto fue Pedro de Silva, Maestro Mayor de Fábricas de Iglesias del Arzobispado de Sevilla. Esta iglesia la levantaron en el mismo lugar que había estado la que habían edificado dentro de la aldea, de 1724 a 1728, pero que la falta de condiciones técnicas, a lo que se sumó el terremoto ocurrido 31 de marzo de 1761, arruinó totalmente y tuvieron que hacerla de cimientos. Pedro de Silva visita esta primera iglesia arruinada y dice en su informe, “les fueron apontonando por de fuera con todo lo referido de //… no les ha quedado diligencia que no hayan hecho por mantener su iglesia, siendo imposible conseguirlo, pues teniendo los pies de barro y la cabeza de bronce, aunque le arrimaran por defuera a cada línea una sierra de las que junto tienen, no callera para fuera, pero se hundiera por de dentro…//”. El informe del arquitecto es concluyente, así que mandó derribarla y levantarla de nuevo, alargándola 7 varas en el cabecero y el campanario convertirlo en una torre; el presupuesto de la obra es de 75.000 reales de vellón y que se aproveche el material del derribo.

El reloj de sol de la torre, data de 1727 y ya estaba en el campanario de la anterior, da la impresión, que el campanario no fue derribado, si no que construyeron encima la torre.

Cuando en 1728, los colmeneros abandonan la iglesia del Cercado las Ánimas, empiezan a enterrar sus familiares en el templo que está dentro de la aldea y ahí siguen sepultando sin interrupción, derribaron las ruinas de la malograda iglesia y continuaron con los enterramientos en la actual, hasta el 28 de abril 1832 en que fallece el vecino Luis Navarro y tuvieron que enterrarlo en el poche porque se había acabado el espacio dentro.

Durante la construcción de la actual iglesia, el Santísimo estuvo en la casa nº. 1 de la calle Atocha en El Valle, desde 1761 a 1770. Dos años más tarde de la finalización de las obras, suponemos que sería el tiempo que tardaron en poner todos los elementos decorativos y mobiliarios del templo, se colocó en la fachada de la casa azulejo que da testimonio de ello.

La iglesia se construyó a expensas de los vecinos; el Arzobispado sólo contribuyó con una aportación simbólica.

En el arco de la cúpula del crucero, hay una inscripción en latín, que dice: “Esta es la casa del Señor. Año cristiano de 1771. ¡Oh! Cuan horrible (grandioso) es este lugar”. Este texto estaba oculto, cubierto por los blanqueados del interior, siendo descubierto en la segunda década del siglo XXI.

A mediados del pasado siglo XX, la solería de la iglesia era de azulejos blancos y negros de 20 x 20 cm., encontrándose en muy mal estado, unos levantados y otros hundidos, amén de muchos partidos. En 1960, siendo cura párroco, D. Ileano Hidalgo Mora, se decidió poner una solería nueva. Cuando se comenzó a levantarla, por la puerta del sol, la principal, se empezaron a ver los huecos de tumbas, comprobándose la existencia del cementerio que había existido en el templo, del cual se tenía el relato oral, pero no estaba documentado. Desde la puerta del sol, hasta mediado de la iglesia y en una altura de unos dos metros escasos, había dos tandas de cadáveres separados por unos 60 cm. de tierra, los habían ido enterrando sin caja, sólo con un sudario, la iglesia estaba llena por completo de tumbas, respetando una distancia a los cimientos. De mediados hacia el altar mayor, sólo se encontraba una tanda de cadáveres y ya a los pies del altar, habían sido enterrados con cajas, que al ser de castaño y sin mojarse, algunas permanecían integras. Los huesos se fueron recogiendo y llevados al cementerio municipal. El importe de esta obra se costeó entre todos los vecinos, repartiendo la cuantía de forma proporcional al líquido imponible de sus posesiones; se pudo pagar en dinero o trabajo. En el centro de la iglesia, próximo al altar mayor, hay una baldosa, donde se da a conocer el hecho.

El arquitecto D. Pedro de Silva, llegó a ser Maestro Mayor del Arzobispado de Sevilla, una de las Diócesis mayores y más rica del país; pasó por Alarife y Aparejador. Construyó en las Cabezas de San Juan (Sevilla) la espectacular Iglesia de San Juan Bautista. En la provincia de Huelva, construyó además de la Iglesia de Valdelarco, las siguientes: Torre de la Iglesia de San Pedro, Huelva; la Iglesia de la Concepción, Huelva; la Iglesia de la Merced, hoy Catedral de Huelva; Iglesia de Moguer con su torre, de la que Juan Ramón dijo, que de lejos parecía una Giralda; Iglesia de La Palma del Condado; Alájar; Zufre; Cumbres del Medio; Cumbres Mayores y también continuó el proyecto de la Iglesia de la Plaza Alta de Aracena (La Parroquia), la cual se inició a finales del S. XV y en el XVI, Arias Montano impulsó el proyecto, terminándose su construcción en los primeros años del presente siglo XXI. En Sevilla, cooperó en el proyecto de la Fábrica de Tabaco (Rectorado Universidad), construyó la Iglesia de San Roque, cuya torre tiene un gran parecido con la de S. Pedro y Concepción de Huelva, restauró la de San Román. En la provincia de Sevilla y Cádiz, hizo numerosas iglesias y restauró otras. Falleció en Sevilla, el día 14 de agosto de 1784 y está enterrado en la Iglesia de San Román de Sevilla.

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